La resistencia de los Wachapá

Noticia original de: Plan V

Agustín Wachapá salió en libertad el pasado 24 de abril, después de 125 días en la cárcel de Latacunga. El líder shuar es acusado por supuesta incitación a la discordia entre ciudadanos. Espera la audiencia preparatoria de su juicio este 11 de mayo. Él y su familia vivieron cuatro meses de resistencia y fuerza.

Jimpikit Agustín Wachapá Atsasu salió de la cárcel de Latacunga la noche del lunes 24 de abril pasado. Pero nadie lo estaba esperando. Sus familiares, amigos y la prensa tenían previsto acudir al recibimiento la mañana siguiente. Un hecho esperado, pues era el líder shuar que había sido encerrado por un mensaje en Facebook. Pero la noche de ese lunes se encontraba solo afuera del fortín de acero y hormigón, ubicado a 15 minutos de la ciudad de Latacunga. Después de cuatro meses de encierro, Wachapá salió como entró. Sin nada. Un funcionario de la cárcel, que conocía al dirigente, se acercó y lo llevó hasta la ciudad en su vehículo. Le colaboró con cuarenta centavos y con eso él llamó a un amigo de la provincia. Enseguida llegaron los principales dirigentes indígenas que aguardaban su salida. Se dio la noticia. Estaba libre.

El mensaje de Facebook

Agustín Wachapá lleva una década al frente de una de las organizaciones shuar más importantes del país, la FICSH. Es uno de los líderes indígenas más contestatarios contra el gobierno de Rafael Correa. Desde que la empresa china Ecsa instalara el campamento minero Panantza-San Carlos, en pleno territorio shuar de la provincia de Morona Santiago, Wachapá ha liderado el rechazo y la defensa de los territorios ancestrales. Fue uno de los primeros en denunciar el desalojo de la comunidad shuar de Nankints para la instalación de ese campamento, en agosto del 2016. Desde esa fecha, el conflicto por el territorio se agudizó. En noviembre un grupo shuar intentó tomarse el campamento minero. Este hecho desembocó en enfrentamientos con la fuerza pública. Hubo un policía muerto y varios shuar heridos.

La zona y toda la provincia fue declarada en estado de excepción el 14 de diciembre. Tres días después, Wachapá anunciaba en su cuenta de Facebook: “Desconocemos al Presidente Rafael Correa el presidente más corrupto de la historia del Ecuador. desde este momento iniciamos movilización en toda la Amazonía y del país (sic)”. Tras este mensaje, el viceministro del Interior, Diego Torres, denunció al líder por supuesta incitación a la discordia entre ciudadanos, un delito que se castiga en Ecuador hasta con tres años de cárcel. El 21 de diciembre era detenido mientras se encontraba refugiado en la FICSH.

Dentro de las pruebas que tiene la Fiscalía está el mensaje de Facebook. El perito describió el procedimiento: “Al fin de dar cumplimiento a la experticia solicitada, el día 21 de diciembre de 2016 me trasladé hasta el despacho del doctor Stiwar Criollo Mosquera, Fiscal de Morona Santiago, quien digitó libre y voluntariamente el usuario y contraseña de su cuenta de Facebook personal, donde se procedió a realizar los siguientes trabajos técnicos: búsqueda y fijación del perfil de usuario de la red social Facebook correspondiente al correo electrónico: http://www.facebook.com/awachapa”. El perito hizo dos capturas de pantalla del perfil desde la cuenta del Fiscal. Esa fue la prueba. El expediente alcanza los seis cuerpos.

Tras gestiones de la familia, Wachapá obtuvo medidas sustitutivas y pudo salir tras el pago de una fianza de USD 6.000. El 11 de mayo, en Gualaquiza, será la audiencia preparatoria de juicio. Agustín Wachapá estuvo 125 en la cárcel. Su defensa y las organizaciones indígenas han dicho que este proceso carece de pruebas. La única prueba que existe, según Wachapá, es “el capricho del gobierno”. Al salir, un día después y en rueda de prensa, volvió a insistir en la frase que lo acompaña en cada discurso: “Nosotros somos el Estado, no Rafael Correa”.

!Feliz año!

La sala de conferencias de la sede del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi está a reventar. Decenas de cámaras y micrófonos rodean a Wachapá. Como presidente de la Federación Interprovincial de Centros Shuar (FICSH) es el rostro más visible de la protestas antimineras en Morona Santiago. El martes 2 de mayo, en una ceremonia de purificación, el dirigente quemó la ropa con la que pasó encerrado. Agradeció a su familia y a la dirigencia indígena. “Feliz año para todos los ecuatorianos”, dijo.

En efecto, era su primer día de este año, pues la Navidad, el Año Nuevo occidental y el Año Nuevo andino los pasó en prisión. Inició su acto de liberación con un discurso cargado de simbolismos; “Nosotros no somos millonarios para escondernos en Miami”. Una clara alusión a los exfuncionarios del Gobierno procesados por falsificación, peculado o lavado de activos.  “No hemos robado al pueblo ecuatoriano. Solo hemos defendido nuestros recursos naturales”, continuó. Wachapá, en su primer discurso fuera de la cárcel, fustigó al presidente saliente y dio una mano al nuevo mandatario, ambos del mismo movimiento oficialista Alianza País. “Este es el peor gobierno que hemos tenido en estos años. Un gobierno de extremo racismo”, le dijo a Rafael Correa. “Queremos que Dios lo bendiga en esta administración. Lo invitamos, nosotros los movimientos indígenas, para en conjunto gobernar este país. El poder nos sube mucho y es ahí cuando nos perdemos”, le dijo a Lenín Moreno.

El encierro

Wachapá le contó a este portal: “Desde el 21 de diciembre, pensé que las cosas no eran tan agravantes. Hubo un allanamiento en la Federación Shuar (FICSH). Estuve hospedado allí. Me sacaron sin camisa, sin zapatos. Luego me dieron un calentador y zapatillas de lona. Me llevaron a Gualaquiza y después de dictarme la prisión preventiva me trasladaron en helicóptero a Macas. De allí me enviaron en un avión a Latacunga. Entre las siete y ocho de la noche aterrizamos. Me trajeron como uno de los más grandes narcotraficantes. Con policías del GIR súper armados. Me tomaron fotos en el aeropuerto.  Un coronel de apellido Salinas me acompañó en todo el trayecto. Decía que solo cumplía órdenes”.

“No hubo ninguna agresión hasta llegar a la cárcel. Primero estuve en las celdas transitorias. Es una cápsula. Dejé toda la ropa y me vistieron de mandarina (ropa de color naranja que se entregan a todos los presos). Al siguiente día, me ubicaron en el pabellón A3b. Me atendieron bien. Me dieron cobijas y el mejor colchón. Me tuvieron en una celda aparte, bien resguardo, con una cámara que enfocaba hacia mi celda”.

“Lo peor fue el cambio de clima. El frío es terrible. Parece que es una estructura metálica interna. Es hielo. Todo el tiempo hace frío. Apenas llega el sol. A las 06:30 debíamos salir todas las mañanas. Es un régimen militar. ¡A formarse, numerarse!  Nos sacaban en la mañana y en la tarde nos encerraban. O al revés.  A las 07:00 empieza en desayuno. A las 13:30 es el almuerzo y a las 17:00 la merienda. El resto del tiempo a dormir. Estaba prohibido el ingreso de periódicos, de absolutamente todo. Mi abogado me entregó el Código Penal Integral. Un pastor me dio la Biblia. Eso me puse a leer. Salí casi siendo un pastor. Eso me entretuvo bastante. Pasaba solo, no tenía con quien conversar. La luz se va a las 22:00”.

“Hay agua potable solo en la mañana. Esa agua es muy fría. Así tocaba bañarse. En la celda está el baño. Pero sin agua. Teníamos que traer agua. Yo llevaba dos pomas para bañarme en la tarde después del juego (vóley e indor). Desde el mediodía llegan solo las aguas servidas. El que quiere se baña en esa agua sucia. El desayuno es agua con pan. El almuerzo es un sopa sola agua; y un arroz con una menestra y un pedacito de carne”.

“Muchos presos se hicieron amigos. La diferencia del trato fue notoria. Les compartía lo que tenía del economato (despensa de víveres en la cárcel). Los otros reos no tienen. Hasta la Lourdes Tibán me colaboró con el economato. Me comentaban sus experiencias. Sabían mi historia porque por el parlante pasaban las noticias”.

“Salí agotadísimo. El problema es psicológico. Apartado de la familia, incomunicado. Hay una cabina pública, pero 20 dólares no te dura ni un día. Me dieron un formulario solo para que me visiten 10 personas. Puse adivinando los nombres de quiénes podrían venir. Eran los únicos que podían pasar. Cada mes tenía tres visitas. Mi familia viajaba tantas horas para quedarse una hora y media conmigo. Tuvimos que hacer préstamos para la fianza. Di en prenda mi carro. Estoy sin nada. Al final del día solo te queda la familia”.

Los Wachapá

Rommel Wachapá es el hijo mayor del líder shuar. Tiene 23 años. Su vida también dio un giro. Él y su hermano dejaron la Universidad Católica de Cuenca y empezaron a trabajar en los últimos cuatro meses. No tenían el dinero para las pensiones. Con su padre encerrado, alguien debía ponerse frente a la familia. Lo hizo él. Sobre todo por su hermana menor, Lorena, de 16 años. Con ella se encontraba la noche anterior al arresto de su padre. Cuatro policías, según narra, llegaron hasta Río Blanco donde está su casa. Eso es a 10 minutos de Macas. “Solo merodearon con luces. Nunca salimos”.

Rommel, un futuro odontólogo, estuvo a cargo de la búsqueda de los 6.000 dólares de fianza para su padre. “Vendimos todo lo que tenemos, ganado, terreno”. Trabajó en el Municipio de Logroño (Morona Santiago). Después como albañil y ahora atiende en local de internet. Su hermano en Cuenca es un guardia de seguridad. A Latacunga solo fue una vez. Sin dinero, lo que le quedaba es estar pendiente de las llamadas que su padre hacía desde la cárcel. “Estoy como padre y madre”.

Agustín Wachapá es el menor de siete hermanos. El lunes 24 de abril, su hermano Gabriel Unup, junto al abogado Juan Fernando Ortiz y su sobrino Édgar, estaban en los trámites finales para que el juzgado de Gualaquiza  emitiera la boleta de excarcelación de Agustín Wachapá y pudiera salir con fianza.

Gabriel Unup, quien no lleva el apellido Wachapá por problemas en el Registro Civil, lideró las gestiones judiciales. Es un recién jubilado profesor de escuela. Vive en Tiwintza, frontera con Perú. Cerca a su casa está uno de los hitos limítrofes. Desde allá salió las veces necesarias hasta Gualaquiza y a Latacunga. La madre de Agustín Wachapá, de 80 años, pidió a Gabriel Unup que encabezara la ayuda con el proceso de su hermano. De Tiwintza a Latacunga son aproximadamente 11 horas de viaje. Tanto terrestre como fluvial. Uno de sus dos viajes a Latacunga fue en vano. No era día de visita. La cárcel de Latacunga, una de los tres centros penitenciarios más grandes del país, tiene un régimen estricto de visitas. Cada reo tiene un día y horario establecido.

La noche que salió Agustín Wachapá de la cárcel su familia se preparaba para viajar a Latacunga. En principio, Gabriel Unup no creyó la noticia. Él tenía los documentos de su liberación. “Pero imagino que a través del sistema se hizo la notificación”. Con la buena noticia, once personas entre familiares y dirigentes viajaron a Latacunga desde Macas. En ese transporte, rentado por la Junta Parroquial de Sevilla Don Bosco, llegaron también María y Josefina Wachapá. Las mujeres contaron que es la primera vez que la familia pasa por un problema así. El martes cuatro hermanos acompañaron a Agustín Wachapá durante la rueda de prensa. En caravana, el dirigente indígena fue llevado hasta Puyo y de ahí partió a Macas. Una ceremonia con ayahuasca lo esperaba. Pero en Puyo envió un último mensaje: “No tengo por qué esconderme. Voy a seguir viviendo en mi provincia, en mi casa”.

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